domingo, 1 de abril de 2018

Crepita el cuervo


     Crepita el cuervo

Gusto de no escribir y beber café, estudiar, ver películas, rosearme perfume, salir por la noche, inyectarme la embriaguez, conocer mujeres, cometer delitos, tomar el sol, hablar con las personas, ejercitarme, bañarme y cortarme la barba.
En fin, disfruto el mundo al no escribir; digo adiós a mi amante y descanso a la sombra de un árbol. La felicidad me da risa y rio por más de un cuarto de hora << ¡Qué bello día para no ser artista!>> exclamo al cielo. <<¿Tú artista?>> responde un lindo cuervo entre las ramas.
<<Sí, soy poeta>> digo con gran vigor. <<¿Tú poeta? ¿has perdido la cabeza? De cualquier cosa que alcanzan, los poetas ponen la rima y forman un verso>>. El cuervo me hace dudar, corrijo: <<soy pensador, he dicho cosas como ningún otro las dijo>>.
Estira las alas, se limpia las plumas y responde el cuervo: <<como los meteoritos los pensadores se queman para iluminar su siglo>>. ¿Qué ha sido de mí, confundí el mediodía con el ocaso? El sol me parece escaso, desesperado, afirmo: << tengo oficio de escritor>>.
El cuervo suelta una risotada y exclama: << el escritor, aun irritado, pone su alma en sus letras breves, bellas y sinceras>>. Me acerco a las ramas y ahuyento al cuervo que escapa volando mientras le advierto no se atreva alegar con un hombre.
Voy por un café pero me sabe agrio la crema y veo sucia la taza, acecho a la mesera y sin remitente, escapo. Caliento las piernas de camino a casa, arribo, cojo una pluma, una hoja en blanco y me siento a la mesa.









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