Crepita el cuervo
Gusto de no
escribir y beber café, estudiar, ver películas, rosearme perfume, salir por la
noche, inyectarme la embriaguez, conocer mujeres, cometer delitos, tomar el
sol, hablar con las personas, ejercitarme, bañarme y cortarme la barba.
En fin, disfruto
el mundo al no escribir; digo adiós a mi amante y descanso a la sombra de un árbol.
La felicidad me da risa y rio por más de un cuarto de hora << ¡Qué bello día
para no ser artista!>> exclamo al cielo. <<¿Tú artista?>> responde
un lindo cuervo entre las ramas.
<<Sí, soy
poeta>> digo con gran vigor. <<¿Tú poeta? ¿has perdido la cabeza?
De cualquier cosa que alcanzan, los poetas ponen la rima y forman un
verso>>. El cuervo me hace dudar, corrijo: <<soy pensador, he dicho
cosas como ningún otro las dijo>>.
Estira las alas,
se limpia las plumas y responde el cuervo: <<como los meteoritos los
pensadores se queman para iluminar su siglo>>. ¿Qué ha sido de mí,
confundí el mediodía con el ocaso? El sol me parece escaso, desesperado, afirmo:
<< tengo oficio de escritor>>.
El cuervo suelta
una risotada y exclama: << el escritor, aun irritado, pone su alma en sus
letras breves, bellas y sinceras>>. Me acerco a las ramas y ahuyento al
cuervo que escapa volando mientras le advierto no se atreva alegar con un
hombre.
Voy por un café
pero me sabe agrio la crema y veo sucia la taza, acecho a la mesera y sin
remitente, escapo. Caliento las piernas de camino a casa, arribo, cojo una
pluma, una hoja en blanco y me siento a la mesa.
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